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Mons. Oscar Aparicio: «Si dices que amas a Dios, no puedes dejar de amar a tu prójimo»

El arzobispo de Cochabamba llamó a responder al amor de Dios con una fe que se exprese en la justicia, la reconciliación y el cuidado de las personas más vulnerables.

El amor a Dios no puede separarse del amor al prójimo. Este fue el mensaje central de la homilía de monseñor Oscar Aparicio, arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba, quien exhortó a los fieles a expresar su fe en acciones concretas de atención a los demás, responsabilidad familiar y acogida al extranjero. Si dices que amas a Dios, no puedes dejar de amar a tu prójimo, afirmó.

Al reflexionar sobre el mandamiento más grande de la ley, explicó que la respuesta del creyente nace de una experiencia fundamental: reconocerse amado por Dios. Recordó que el Señor es un Padre misericordioso, que se preocupa por las necesidades de sus hijos y nunca los abandona.De ahí nace la vocación humana, de ahí nace el gozo en el corazón. Ahí encontramos nuestra identidad y nuestra realización.

Responder al amor de Dios con toda la vida

Monseñor Aparicio destacó que la Eucaristía dominical es una acción de gracias por ese amor recibido. Señaló que quien se reconoce amado y perdonado por Dios, aun en medio de sus errores y contradicciones, encuentra paz y un gozo profundo que da sentido a su vida.

Desde esa certeza, invitó a comprender el mandamiento de amar al Señor con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas como una respuesta que compromete integralmente a la persona sus afectos, su inteligencia, sus capacidades y también sus recursos materiales. Para ilustrarlo, recordó el refrán, Amor con amor se paga.

Una fe que se expresa en el trato al hermano

El arzobispo subrayó que Jesús une el amor a Dios con un segundo mandamiento semejante al primero: amar al prójimo como a uno mismo. Explicó que ambos son inseparables y que su cumplimiento se verifica en la manera de relacionarse con los demás.

En ese sentido, advirtió que la injusticia, la indiferencia ante las necesidades ajenas y la falta de reconciliación contradicen el amor que se dice profesar a Dios. También llamó a asumir las responsabilidades hacia los padres, a no menospreciar al extranjero y a cuidar a las personas desvalidas, incluidas aquellas que se encuentran en el propio hogar. Si menosprecias al extranjero, no estás amando a Dios

Recordó, además, las palabras de Jesús sobre la centralidad de estos dos mandamientos, de los que dependen toda la ley y los profetas. Así, insistió en que la relación con Dios no puede quedar al margen de la justicia y del cuidado del hermano.

La cruz, expresión del amor a Dios y a la humanidad

Monseñor Oscar invitó a contemplar la cruz como la expresión máxima de este doble amor. Presentó a Jesús crucificado como aquel que responde plenamente al amor del Padre y, al mismo tiempo, mantiene los brazos abiertos hacia la humanidad.Respondiendo a Dios y al amor de Dios, pero con los brazos abiertos, porque ama profundamente a su hermano.

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