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Mons Leigue: Amar a Dios exige respetar la vida y comprometerse con el prójimo

𝐋𝐚 𝐟𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐝𝐮𝐜𝐢𝐫𝐬𝐞 𝐚 𝐩𝐫𝐚́𝐜𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐥𝐢𝐠𝐢𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐬𝐞 𝐢𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫

En la celebración eucarística de este domingo en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, Catedral de Santa Cruz de la Sierra, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue, reflexionó sobre el mandamiento más grande de la Ley, a partir del Evangelio de Mateo (23, 34-40), en diálogo con las lecturas de Malaquías (1, 14b) y la primera carta a los Tesalonicenses (1, 5).

El Pastor recordó que, ante la pregunta de los fariseos sobre cuál era el mandamiento más importante, Jesús resumió la Ley en el amor a Dios y al prójimo. «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu», y «amarás a tu prójimo como a ti mismo», son las palabras que, según el prelado, revelan que ambos mandamientos son inseparables.

Por ello, Mons. Leigue advirtió que no basta con profesar la fe: amar a Dios exige reconocer su imagen en cada persona.

𝐄𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨, 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚́𝐬

El Arzobispo explicó que el amor al prójimo se manifiesta concretamente en el respeto a la persona, con su carácter y su manera de ser, y que este compromiso también alcanza a toda la creación.

Al profundizar en el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, Mons. René Leigue invitó a revisar las propias actitudes y a reconocer que no se puede exigir a los demás aquello que uno mismo no está dispuesto a practicar. «Si a ti no te gusta que te insulten, ¿por qué tienes que insultar al otro?», cuestionó el Pastor, al señalar que el amor propio, entendido desde el Evangelio, ayuda a construir relaciones coherentes y respetuosas.

En esa línea, sostuvo que la fe debe expresarse en la vida cotidiana y no quedarse únicamente en las prácticas religiosas: «¿Qué hago? ¿Cómo percibo ese amor de Dios en mí y cómo lo manifiesto a los demás?».

𝐑𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐜𝐡𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐜𝐥𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐯𝐮𝐥𝐧𝐞𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬: 𝐞𝐱𝐢𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐞 𝐜𝐨𝐡𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞

Mons. Leigue cuestionó la contradicción entre declararse creyente y sostener actitudes que desprecian la vida o consideran una carga a las personas mayores que necesitan cuidados.

El Prelado invitó a examinar las incoherencias personales y sociales ante la violencia y la muerte, y recordó que la fe compromete a defender la dignidad humana, respetar a los demás y buscar caminos que permitan superar estas situaciones.

«¿𝐐𝐮𝐢𝐞́𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚?», preguntó el Arzobispo, al llamar a recuperar el respeto por cada persona. Asimismo, evocó el mensaje del libro del Éxodo sobre la protección de los extranjeros, los huérfanos, las viudas y los pobres, cuyo clamor llega hasta Dios. «Conocemos cómo están viviendo algunos.

¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬?, interpeló Mons. René Leigue. Finalmente, exhortó a los fieles a revisar su relación con Dios y con el prójimo, afirmando una fe coherente que se traduzca en acciones concretas para mejorar la convivencia y hacer las cosas de manera diferente.

Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz

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