Jóvenes catequistas, llamados a ser sal y luz en la vida de la comunidad.
Prensa CEB 8.02.2026. “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,13-14).
Con estas palabras del Evangelio, Mons. René Leigue Cesari, Arzobispo de Santa Cruz, renovó el llamado a los jóvenes catequistas a vivir una fe encarnada y coherente, invitándolos a asumir con valentía su misión evangelizadora en medio de niños, jóvenes y comunidades, siendo testimonio vivo del amor de Dios.
Una fe que se vive y da sabor
Durante la reflexión, el Pastor de la Iglesia cruceña recordó que la fe no puede quedarse solo en acciones externas, ya que “lo que se hace sin vivirlo no tiene sabor”. Así como la sal da gusto a los alimentos, la vida cristiana adquiere sentido cuando se vive con autenticidad, evitando que las buenas obras se conviertan únicamente en gestos vacíos.
Ser luz desde las buenas obras
El mensaje, compartido por el Arzobispo de Santa Cruz, subrayó que la luz cristiana se manifiesta en la coherencia diaria, porque “si creo en Dios, lo demuestro con mis obras”. Jesús invita a sus discípulos a iluminar con el ejemplo, recordando que la fe verdadera se reconoce cuando las buenas acciones reflejan lo que se cree y se anuncia (Mt 5,16).
La valentía del servicio catequético
Mons. René Leigue destacó el compromiso de los jóvenes catequistas, reconociendo que “es de valientes ser catequistas”, ya que su servicio no responde a intereses materiales, sino al amor a Dios y al prójimo. Con entusiasmo y generosidad, ellos asumen la tarea de compartir lo aprendido y acompañar a otros en el camino de la fe.
Anunciar a Dios con la propia vida
El llamado del Prelado fue claro: la catequesis comienza con el testimonio, porque “ser catequista es hablar de Dios”. Antes que palabras o dinámicas, se pidió anunciar a Jesucristo desde la vida misma, siendo los primeros en participar de la Eucaristía y mostrando con alegría que vale la pena seguir al Señor, como recordaba el papa Francisco cuando afirmaba que un cristiano sin alegría pierde su sentido (Evangelii Gaudium, 1).
Escuchar y acompañar a niños y jóvenes
En un contexto marcado por múltiples desafíos, el Pastor insistió en la importancia de la cercanía, recordando que “los jóvenes necesitan ser escuchados”. Los catequistas fueron animados a orientar con paciencia y responsabilidad, iluminando el camino desde la Palabra de Dios y respondiendo también a la confianza que las familias depositan en la catequesis.
Coherencia cristiana y compromiso social
La reflexión de Mons. René Leigue Cesari también alcanzó la realidad social y ciudadana, afirmando que “ser la luz del mundo nos compromete”. Vivir la fe implica no ser indiferentes ante las dificultades, las injusticias y el sufrimiento, manteniendo la esperanza incluso en medio de las adversidades, como enseñan las bienaventuranzas (Mt 5,11-12).
El olvido que duele: niños que siguen esperando
De manera directa, el Arzobispo hizo referencia a una realidad preocupante, señalando que “hay niños que siguen esperando ayuda y hasta ahora esa ayuda no llega”. Se cuestionó el olvido de las autoridades actuales y de quienes hoy son candidatos, recordándoles su deber urgente de garantizar lo más básico: que los niños puedan comer. Desde la Iglesia se reafirmó el compromiso de acompañar y ayudar, pero también se insistió en que esta responsabilidad no puede recaer solo en la buena voluntad, sino en decisiones concretas que pongan a los más vulnerables en el centro (Mt 25,35).
Una esperanza que no se apaga
Finalmente, Mons. René Leigue, Pastor de la Iglesia en Santa Cruz, alentó a perseverar sin desánimo, recordando que “la esperanza no se termina, seguimos adelante”. Los jóvenes catequistas fueron enviados a ser sal y luz en medio de los más vulnerables, confiando en que el Señor acompaña su misión y fortalece su servicio cotidiano. “No tengan miedo” (Mt 28,20).
Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz y Diakonia


