Mons. Basilio exhortó a los fieles a vivir su misión con pasión y comunión, siendo testimonios vivos que irradian una luz de esperanza
Prensa CEB 8.02.2026. Desde la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, Mons. Basilio Mamani, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, dirigió una homilía este domingo, invitando a los fieles a ser «sal de la tierra y luz del mundo», tal como proclama Jesús en el Evangelio de Mateo (5,13-16). «Queridos hermanos y hermanas, a través de este medio quiero hacer llegar un saludo fraterno allí donde se encuentren: en su casa, en el hospital, en el trabajo, quizás solos o en familia», inició el prelado, bendiciendo a todos con los dones de Dios para fortalecer su caminar.


Ustedes son sal y luz
En su reflexión sobre las Bienaventuranzas, Mons. Mamani enfatizó que Jesús no dice «deben ser», sino «ustedes son» sal y luz, dirigiéndose directamente a sus discípulos y, hoy, a la comunidad cristiana como nuevo pueblo de Dios. «Esta misión no se guarda para uno mismo, sino que se manifiesta y se comparte en el testimonio cotidiano», subrayó, recordando que la fe debe alimentarse diariamente para mantenerse viva.



La sal: conserva, da sabor y une en comunidad
El obispo explicó las imágenes evangélicas con ejemplos cercanos: la sal, esencial en la vida diaria, conserva (como en tiempos sin refrigeración), da sabor, fertiliza y simboliza comunión. «Ser sal es mantener la fe viva, hacer gustar la vida y trabajar por la dignidad humana en comunidad, no como islas», precisó. Advertía contra perder el sabor –cuando la fe se reduce a ritos vacíos–, lo que empobrece y deja de influir, como quienes abandonan la misión o la comunidad.


La luz: brilla en gestos simples y cotidianos
Pasando a la luz, que «no hace ruido, simplemente alumbra», Mons. Mamani invocó la primera lectura (Is 58,7-10): «Si compartes tu pan con el hambriento y acoges al pobre sin techo, despuntará tu luz como aurora». En aymara, «jumanaka tatituna» (hijos de la luz), somos portadores que brillan en gestos simples: un abrazo, una palabra, un encuentro. «Dios no busca lo espectacular, sino lo cotidiano para transformar vidas», afirmó.




Llamado al Sínodo: caminar juntos por el Reino de Dios
Finalmente, vinculó esta llamada al Sínodo de la Sinodalidad: «Ahora nos toca caminar juntos, concientizarnos de nuestra misión para expandir el Reino de Dios». Pidió al Señor que «no perdamos el sabor del Evangelio ni se apague la luz de la fe, para que nuestra vida sea reflejo de su amor». La homilía concluyó con una bendición: «Que Dios nos bendiga y nos acompañe siempre».


