«La Iglesia no es la dueña ni la sierva del Estado, sino su conciencia» — Mons. Gualberti recalca que «el amor es la plenitud de la ley» y respalda el legado de Martin Luther King
Prensa CEB 7.09.2026. En su homilía dominical, el Arzobispo Emérito de Santa Cruz de la Sierra, Mons. Sergio Gualberti Calandrina, realizó un profundo llamado a vivir el amor cristiano como una fuerza transformadora, un deber ineludible y el eje de la acción social de la Iglesia. En sus reflexiones, el prelado enfatizó el rol profético que la comunidad eclesial debe asumir ante el extravío social, sintonizando sus palabras de forma directa con la célebre visión del líder de los derechos civiles Martin Luther King, al recordar que la Iglesia jamás debe guardar silencio ante lo que atenta contra la vida, la justicia y el bien común.
El amor como plenitud de la ley y fundamento de la libertad humana
Tomando como base la carta de San Pablo a los romanos, Mons. Gualberti explicó que el amor fraterno es la única «deuda» que nunca terminamos de pagar, un mandato inagotable que nace de una fe viva y se alimenta de la Eucaristía. El prelado recordó que «el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley», puesto que el amor auténtico busca el bien del otro y resume todos los mandamientos, desmintiendo a ciertas ideologías que ven en la ley de Dios una amenaza a la autonomía. Evocando la máxima de San Agustín —»Ama y haz lo que quieras»—, aclaró que los mandamientos son una guía para vivir una auténtica libertad que humaniza y nos saca del egoísmo. Finalmente, instó a proyectar este principio en la sociedad civil, señalando que «sería muy provechoso que esta concepción inspirara también a las leyes humanas, entendidas como medios al servicio del bien común, la justicia equitativa, la convivencia pacífica y la vida digna».
El rol del centinela y la corresponsabilidad de la corrección fraterna
Haciendo eco del profeta Ezequiel, la homilía profundizó en la figura del «centinela», encomendado por Dios para alertar al pueblo ante desvíos destructivos, advirtiendo con firmeza que el silencio cómplice nos hace corresponsables: si no se advierte al extraviado, Dios pedirá cuentas de esa sangre. Por ende, denunciar la injusticia y llamar a la conversión es un acto de amor y solidaridad para que el ser humano viva. Bajo este principio, Mons. Gualberti puntualizó que la salvación no es un proceso estrictamente individual, por lo que el discipulado exige practicar la corrección fraterna de forma gradual (en privado, en grupos y ante la Iglesia), no como exclusión, sino para sanar al hermano en el error, evitar divisiones y preservar la unidad indivisible de la comunidad.
La Iglesia: Ni dueña ni sierva del Estado, sino su conciencia
Mons. Gualberti remarcó con determinación que el llamado a ser un centinela social no es una tarea optativa para el cristiano, sino que conforma el núcleo de su identidad. Bajo ese fundamento doctrinal, introdujo la iluminadora perspectiva de Martin Luther King: «La Iglesia no es la dueña ni la sierva del Estado, sino su consciencia». El Arzobispo Emérito sustentó que, en cumplimiento de dicha vocación profética, la Iglesia Católica ha intervenido en múltiples ocasiones con humildad y espíritu fraterno para actuar como la conciencia moral ante crisis internacionales y domésticas. Como ejemplos vigentes, citó los urgentes llamados a la paz emitidos por el Papa Francisco ante los conflictos bélicos en Tierra Santa, Rusia y Ucrania, así como las constantes exhortaciones al diálogo institucional promovidas por la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) frente a los agudos problemas socioeconómicos y políticos que aquejan al país.
Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz


